La pasión por los automóviles antiguos y nuevos es lo que identifica a Ramón Galaz, gerente general de Valgesta Energía: “cuando no estoy hablando de energía estoy hablando de autos y si me preguntan, me gustaría que mi epitafio dijera: Aquí yace un hombre que nació, vivió y murió por los automóviles”.

Justamente esa distinción entre lo nuevo y lo antiguo es lo que ahora aprecia el especialista a la hora de analizar los futuros cambios que pretende impulsar el Gobierno en el segmento de la distribución eléctrica, donde ya se han organizado grupos de trabajo con el sector privado y académico para avanzar en el tema.

Reforma

¿Cuál es el diagnóstico que realiza de la actual situación de la distribución en el país?
Hay que plantearse si el marco regulatorio es adecuado para el mercado. En mi opinión está desactualizado porque se basa principalmente en el principio de rentabilizar activos en infraestructura para que el servicio de distribución lleve la electricidad a los clientes finales en condiciones de seguridad y calidad, pero hoy −y a futuro− la conceptualización del servicio de distribución debe ser revisada, avanzando hacia qué tipo de elementos se pueden modificar. En ese contexto se debiera analizar qué pasará con aspectos como la generación distribuida, las redes inteligentes, la integración de los sistemas de almacenamiento descentralizados y los servicios complementarios, entre otros temas.

A su juicio, ¿cuán atrasada está la distribución respecto a lo que existe en otros países?
En Europa y Estados Unidos vemos que la distribución está avanzando en la integración de conceptos como redes inteligentes, gestión de la energía y eficiencia energética entre otros. En Chile todavía nos faltan bastantes años para llegar a una condición parecida a la de ellos. Primero debemos ponernos de acuerdo sobre qué queremos a futuro de los servicios de distribución, y luego hacer las modificaciones que sean necesarias. Es importante entender que, a diferencia de los europeos o Estados Unidos, nosotros tenemos un sistema de distribución que no es homogéneo a lo largo del país, donde hay zonas con una alta concentración de clientes, alta densidad de consumo y con cierto tipo de infraestructura y otras con características muy distintas, por lo que una misma regla no necesariamente funcionará para todos.

¿Cuáles son los desafíos particulares que advierte para reformar al segmento?
El desafío es modernizar la regulación compatibilizando temas de calidad, seguridad y desarrollo de infraestructura teniendo en cuenta las distintas realidades que se presentan a lo largo del país. Además, hay que ver cómo incorporamos las nuevas tecnologías y conceptos asociados a la distribución tales como generación distribuida, almacenamiento descentralizado y servicios complementarios, lo que genera otro reto: se necesitará un servicio que tiene como contrapartida una infraestructura distinta a la que existe hoy. En ese esquema, habrá que ver cómo armamos una regulación para esos nuevos requerimientos, además de generar instrumentos de competencia como por ejemplo la comercialización de energía.

¿Hay espacio para incorporar la figura de un ente comercializador en la distribución?
Es un tema que estará presente sin duda en una discusión como esta. Van a existir opiniones a favor y en contra y eso está bien, lo importante es generar la discusión técnica, económica y con visión de política pública. El comercializador está pensado en abrir el mercado, aumentando la oferta de quien puede proveer el servicio para el cliente final. Eso no es fácil porque hay que ver los pro y contra: si tenemos o no la infraestructura o si existen las condiciones en las distintas zonas de concesión para que ello ocurra, porque no es lo mismo la figura de un eventual comercializador en el gran Santiago que en una pequeña ciudad en el norte o sur del país.

¿Cree que sea factible cambiar el esquema de empresa modelo?
Desde el punto de vista de la política pública el modelo actual ha sido eficiente en asignar los recursos para que la infraestructura en distribución crezca a fin de que tuviera los niveles de cobertura que tenemos, con un nivel de seguridad y calidad relativamente razonable. Hoy el desafío no es cobertura, es un servicio de mayor calidad y seguridad e infraestructura moderna. En ese esquema me parece que el marco actual debe ser revisado.

[Los cambios que se considerarán en la reforma a la distribución]