Más de 30 años como ciclista urbano tiene Claudio Seebach, presidente ejecutivo de Generadoras de Chile y actual representante del sector energético en el Consejo Asesor Presidencial de la 25° versión Conferencia de las Partes (COP25).

Es así como en los eventos y reuniones en que participa se le ve llegar con casco en mano, lo que hoy cobra un valor adicional como parte del esfuerzo para potenciar la contribución de la industria energética en las acciones climáticas de mitigación y adaptación, y que se verá reflejado especialmente en el evento internacional que se realizará en Chile entre el 2 y 13 de diciembre próximo.

¿Qué plantea la COP25 para el sector energético?

Esta instancia es una enorme oportunidad que consolida el liderazgo que Chile tiene en materia energética, al ser rico en energía renovable y con una historia larga de apertura económica, fomentando la inversión extranjera y la innovación, con regulaciones predecibles y la expectativa de continuar en una senda de crecimiento económico. La COP25 es una oportunidad de hacer pedagogía climática, de que todos tomemos conciencia de la urgencia climática, de que somos un país vulnerable a crecientes eventos extremos que también impactan en el suministro eléctrico.

¿Qué es lo que mostrará el sector energético nacional en la cumbre?

La COP será un espacio para mostrar que la electricidad es la mayor oportunidad de combate a la urgencia climática, en el marco de la transición de un consumo energético basado fuertemente en fósiles, a uno que use generación renovable, además del proceso de retiro del carbón y la electrificación misma de la demanda energética.

¿Cómo se articula el rol de la industria energética con otros sectores productivos consumidores de energía?

Nuestro rol, como gremio que representa la generación de electricidad, es dialogar con otros sectores usuarios de energía, como el transporte, la minería y la industria, de cómo ellos pueden participar de esta visión de largo plazo, de seguir lo que nos dice la ciencia para alcanzar la meta de contener el aumento de temperatura planetario bajo 1,5 grados. La idea es poder contribuir para ver cuál y cómo es el papel del sector privado en la mitigación y adaptación al cambio climático.

¿Tienen alguna iniciativa concreta con algún actor?

La Sofofa, del cual Generadoras de Chile es miembro, creó un comité integrado por gremios y empresas dedicado a la COP bajo una “Alianza de Empresas para la Acción Climática”, con la cual se está trabajando con el Gobierno en este tema y colaborando con el pabellón de Chile en la Zona Azul que tendrá el evento. A su vez, participamos en la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), que tiene una convocatoria que abarca a otros sectores como la construcción y comercio, para articular una visión compartida.

Esta visión compartida, ¿la materializarán con un documento o línea de acción en particular?

Como Generadoras estamos desarrollando un estudio que busca establecer las rutas de la descarbonización y el rol que la electricidad va a contribuir para alcanzar la carbono neutralidad. Queremos ponerle número y cuantificar los beneficios que vemos para la sociedad chilena en lograr la carbono neutralidad. Ese estudio esperamos presentarlo en el contexto de la COP25, el 10 de diciembre, en el Día de la Energía.

Generación

¿De qué forma como gremio se han preparado para la actual transición energética?

Le pusimos número a los futuros escenarios de generación, luego de que encargamos un estudio para identificar los escenarios a futuro de penetración de energías renovables a 2030 y cuáles son los efectos sobre la flexibilidad. Entre las grandes conclusiones es que a ese año la energía solar pasará a ser la primera fuente de generación de Chile, alcanzando niveles anuales de 30%, mientras que la ter moelectricidad bajaría al 25%. Otra conclusión es que a 2030 aparecen rampas muy significativas, entre 3.000 a 5.500 MW en una hora, lo que desafía el concepto de flexibilidad, por lo que hay que pensar en señales de inversión y operación que den respuesta a esa flexibilidad, además de tener costos asociados a ello que bordearían los US$350 millones. Todas estas cifras ahora requieren ser vueltas a analizar con el inicio del retiro del carbón.

¿Qué cambios plantean para enfrentar estos futuros escenarios?

Junto con el estudio anterior, en 2018 recibimos los resultados de otro estudio que encargamos para ver qué cosas hay que cambiar del actual sistema para potenciar la flexibilidad, donde la primera conclusión es que debemos cambiar nuestro, incorporando un despacho vinculante, intervalos más cortos, la recuperación de costos fijos de operación, la causalidad en la asignación de los costos de reserva, y un mecanismo de confiabilidad de largo plazo, entre otros.

Con el inicio de la descarbonización, hay voces que piden acelerar este proceso, ¿cree que sea posible?

El sector ha demostrado muchas que veces las cosas, cuando hay nueva información, ocurren antes. Con las condiciones que hoy tenemos, de demanda eléctrica y de transmisión, se llegó a la conclusión que el cierre de las unidades a carbón a 2040 era ambicioso pero posible. Este plan es tangible con el retiro de ocho unidades a 2025, que suman más de 1.000 MW, y además este proceso es adaptativo: o sea, en cinco año más nos reunimos nuevamente en torno a un proceso, y verificamos cuáles son las nuevas condiciones; en cuánto han caído los costos y cuáles son las nuevas capacidades de transmisión, por lo que vamos a poder saber si es posible avanzar más rápido.

En transmisión a futuro se habla de incorporar sistemas de almacenamiento a esta infraestructura, ¿qué perspectivas ven con esta tecnología?

Los estudios que tenemos muestran que el potencial de inversión, entre solar y eólica a 2030, está entre US$8.000 y US$18.000 millones y estamos hablando de una expansión de entre 9 y 16 GW adicionales de capacidad en esas dos tecnologías de generación renovable, variable. Estos requerimientos de flexibilidad van a tener asociados una respuesta múltiple, entre las cuales está el almacenamiento. Lo importante es que haya señales regulatorias claras, pues el almacenamiento es algo que es muy genérico y tiene funciones y horizontes temporales muy diversos, por lo que estamos convencidos que se debe contar con claridad regulatoria con el fin de que esta tenga una inserción competitiva.