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Primeros pasos y desafíos de la electromovilidad

La adopción masiva podría impactar fuertemente en el diseño de las redes de distribución, al requerirse alimentadores exclusivos para realizar cargas rápidas.

Pensar en la electromovilidad en Chile significa trasladarse hacia el mediano plazo, puesto que los especialistas y actores del sector transporte concuerdan en que el proceso de masificación de vehículos con baterías eléctricas se manifestará al menos en cinco años más, trayendo una serie de desafíos para las empresas distribuidoras, las autoridades reguladoras, la academia y al mismo Coordinador Eléctrico Nacional.

Este es un tema que ya se aborda en los seminarios que se realizan en el sector energético, siendo monitoreados constantemente desde el Ministerio de Energía y en el sector privado, como en Generadoras de Chile, donde proyectan que entre 2020 y 2022 el costo de las baterías para vehículos eléctricospodrían llegar a valores que permitan competir a la par con vehículos convencionales. Asimismo en el gremio destacan los datos de la consultora McKinsey, en que se espera que el costo de la baterías para los autos eléctricos podrían bajar a US$100 por kWh.

Esta realidad no es ajena a las expectativas del mercado chileno, donde se están dando los primeros pasos en electromovilidad. Por un lado, la oferta por vehículos eléctricos se encuentra en permanente crecimiento, tomando de a poco una cuota mayor en el mercado. Por el otro, las empresas de distribución eléctrica ya han empezado a instalar estaciones de carga, tanto públicas como privadas, proyectando también un crecimiento importante a partir de los próximos años.

Dentro de los principales hitos que se aprecian en el país están los planes de renovación de algunas municipalidades de Santiago para que su flota de vehículos sean 100% eléctricas, además de la próxima licitación del Transantiago que abrirá la posibilidad de contar con buses eléctricos. Otras iniciativas son la entrega de 30 automóviles eléctricos a los trabajadores del Grupo Enel en Chile, junto con el anuncio de que Santiago será anfitriona de la nueva categoría de competencia automovilística para autos eléctricos, Fórmula-E.

La mayor penetración también plantea más de un desafío para la gestión del sistema eléctrico, como la sobreutilización de las redes durante instantes breves de tiempo, debido a la carga rápida de un vehículo eléctrico que, si bien dura unos pocos minutos, será de alto impacto (hasta 50 kW o inclusive más a futuro), por lo que habrá una red con muchos peaks repetitivos de demanda, pero no permanentes en el tiempo.

Los especialistas indican que la adopción masiva podría impactar fuertemente en el diseño de las redes de distribución, al requerirse alimentadores exclusivos para realizar cargas rápidas, por otra parte, estos también podrían significar desafíos en la gestión de la demanda debido a la oportunidad en la que se realizarán las cargar (día/noche), por otra parte, y ya con una visión más de futuro, estos incluso podrían actuar como sistemas de almacenamiento de energía.

En conclusión, tanto las transmisoras como las distribuidoras deberían prepararse para estos fenómenos, ya sea sobredimensionando la red actualmente existente o instalando sistemas de respaldo energético que apacigüen este fenómeno. Para enfrentar esta nueva realidad y sus retos el anteproyecto que presentará el gobierno a fin de año, proponiendo la reforma a la distribución será clave, especialmente si se considera la incorporación de principios regulatorios flexibles en función del constante cambio tecnológico que supone la electromovilidad.