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La teoría tarifaria está sobrepasada

Diversas restricciones, subsidios y otras distorsiones ya no permiten que cualquier tecnología rente el negocio natural de la sola producción sin tener clientes finales

Hoy no se están cumpliendo los principios básicos que garantizan un desarrollo del sector eléctrico chileno que implique precios consecuentes con los principios tarifarios puros que inspiraron la reingeniería económica en el siglo pasado.

En efecto, la generación de electricidad basa su negocio en la teoría económica marginalista, que avala que cualquier tecnología de generación en un mercado económicamente adaptado compensa a su propietario, tanto en sus costos de inversión como en su operación. Este teorema básico del negocio de generación está presente desde 1982 en la ley eléctrica, cuando alude a los precios de nudo a los que se vende electricidad del productor al mercado regulado, que en el pasado definía el desarrollo eléctrico al ser más importante que el mercado libre de grandes clientes y sus precios no regulados.

Lo anterior tiene un corolario natural importante, que implica que a cualquier dueño de una generadora en un mercado adaptado debiese resultarle indiferente tener o no clientes consumidores finales. Esto último se incumple ya por años, pues diversas restricciones, subsidios y otras distorsiones ya no permiten que cualquier tecnología rente el negocio natural de la sola producción sin tener clientes finales.

En efecto, hoy es indispensable acudir al valor agregado dado por la comercialización, ya sea con clientes libres o con empresas distribuidoras, gestión hoy mucho más importante que el negocio puro de la sola producción vendiendo a costos marginales.

Así entonces, la teoría tarifaria está sobrepasada. La gestión técnica, productora de electricidad, que exigía centrales eficientes para obtener un flujo de ingresos a costo marginal sistémico fijado horariamente por una máquina ineficiente de algún competidor, ya es de menor importancia. Lo esencial hoy es comercializar logrando que sea el cliente final que contrata quien sobrelleve precios ofertados que garanticen renta por la vida útil de la tecnología, aunque ella sea ineficiente.

Desaparece entonces la utilidad legal de los precios de nudo regulados de corto plazo con validez original de seis meses para recoger de inmediato la dinámica sistémica y su operación eficiente.

Hoy el consumidor debe soportar desde 2010 la aplicación de los precios de nudo de largo plazo, cuya validez ahora llega a 20 años al resultar de ofertas a precio libre de las tecnologías que no garantizan costos sistémicos necesariamente eficientes para el largo plazo, lo que hoy ya se evidencia claramente en el mercado. Es por ello necesario una revisión de las bases de licitación reguladas que conllevan objetivos económicos que innoven y no recojan solo una fracción de los costos que se traspasan a precios del consumidor final regulado, lo que a su vez debiese permitir desarrollar tecnologías que readapten económicamente el sistema eléctrico nacional.

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