Flexibilidad en el sistema eléctrico chileno: un desafío pendiente

Decidir qué tecnologías son las indicadas o cuál de los mercados es el apropiado no es una tarea sencilla, y aún más complejo resulta elaborar los cambios regulatorios necesarios para ello.

En los mercados eléctricos ha tomado fuerza un nuevo concepto −flexibilidad− que en términos simples se entiende como la capacidad del sistema para acomodar la variabilidad e incertidumbre en el balance oferta-demanda del sistema, manteniendo la seguridad en toda la escala de tiempo. Este concepto toma aún más relevancia cuando se trata de mercados donde la participación solar y eólica es alta.

Hoy nuestro sistema eléctrico muestra ciertos signos de inflexibilidad como lo son el vertimiento de energía renovable, desacoples de costos marginales y la existencia de rampas horarias al ingreso y salida de generación eólica y solar. Sin embargo, el desafío de contar con un sistema eléctrico flexible está tomando recién relevancia, más que nada porque hasta hoy hemos sido capaces de obtener flexibilidad a partir de mecanismos tales como las operaciones a mínimo técnico y los ciclos de encendidos-apagados de centrales térmicas y la operación de centrales diésel. Los costos de estas “soluciones” no han sido significativos, sin embargo ¿qué pasará cuando se activen los más de 5.000 MW eólicos y solares que se prevén para 2030? ¿Y si sumamos a esto un plan de descarbonización?

Todo indica que la generación eólica y solar seguirá en aumento. Las proyecciones indican que la participación horaria máxima diaria de ERV podría pasar de un 35% hoy a más de un 65% en 2030, mientras que las rampas de demanda neta podrían aumentar al triple en el mismo horizonte. En este escenario es necesario asegurar un desarrollo eficiente, seguro y sustentable del sistema eléctrico y para ello es importante entregar las señales que permitan asegurar las inversiones capaces de entregar flexibilidad al sistema.

Estas señales debiesen estar alojadas en alguno de los actuales mercados (capacidad o servicios complementarios), o bien, en un nuevo mercado (flexibilidad), y deben quedar sustentadas en un marco regulatorio que permita la participación de los distintos agentes, tanto desde la oferta como de la demanda.

Decidir qué tecnologías son las indicadas o cuál de los mercados es el apropiado no es una tarea sencilla, y aún más complejo resulta elaborar los cambios regulatorios necesarios para ello. Por esta razón, es necesario avanzar e instaurar prontamente la discusión sobre una posible ley de flexibilidad que permita contar con soluciones eficientes, y así estar preparados para enfrentarnos adecuadamente a la transformación de nuestra matriz energética, que avanza a pasos agigantados.