La necesidad de que la regulación del sector eléctrico abra las puestas a un nuevo mercado de la flexibilidad a nivel local, planteó el gerente general de Valgesta Energía, Ramón Galaz, ante los cambios que experimenta la operación del sistema eléctrico nacional con la mayor incorporación de energía renovable variable, donde a futuro se podría ver afectado debido al alza en los niveles de rampas, que son las inyecciones y salidas de altas cantidades de potencia en un corto tiempo.

Este tema fue presentado esta semana en un seminario «Desafíos Regulatorios de la Transición Energética: Flexibilidad y Almacenamiento», organizado por la consultora junto a Colbún, donde se vieron  las necesidades futuras de flexibilidad en el sistema eléctrico nacional, además de mostrar el rol del almacenamiento en el desarrollo y expansión de la infraestructura eléctrica en los próximos 10 años.

El ejecutivo explica a ELECTRICIDAD que, de acuerdo a las modelaciones realizadas por Valgesta, «al año 2030 podríamos observar rampas por sobre los 4.000 MW en una hora e incluso 6.000 MW en rangos de tiempo mayores a ese», razón por la cual se identificaron posibles escenarios, en los cuales la operación del sistema eléctrico «se verá fuertemente afectada».

Evolución

A juicio de Galaz, la flexibilidad en los sistemas eléctricos es un tema en el cual los mercados a nivel mundial «están muy atentos respecto a lo que va a pasar en el futuro, donde Chile no es la excepción, debido a los cambios en las condiciones de mercado por la penetración de energías renovables variables, lo que implica un desafío operacional para el sistema, especialmente a partir de 2025 en adelante».

«Este aumento de la energía renovable variable implicará un alza en las rampas de subida y bajada del sistema eléctrico, lo que implica que el sistema tiene que operar de una manera distinta a lo que hemos visto en los últimos 30 a 40 años», sostiene.

Como ejemplo menciona que la participación horaria máxima diaria de generación solar fotovoltaica y eólica actualmente llega a 34% aproximadamente, lo que podría superar el 65% en 2030, por lo que plantea que las rampas de demanda neta son un aspecto que deberá ser profundizado por la gestión del sistema eléctrico a futuro.

«Este tema de las rampas aparentemente ya no se podría administrar con lo que tenemos hoy día, que son la operación a mínimo técnico de las centrales térmicas, el ciclaje de encendido y apagado de las centrales a gas natural, por lo que hay que preguntarse qué otras alternativas o servicios podrían incorporarse para dar respuesta a la flexibilidad del sistema eléctrico».

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Medidas

En ese sentido, Galaz afirma los sistemas de almacenamiento, también desde la gestión de la demanda, «pueden ser estrategias muy útiles para que se incorporen al mercado de manera eficiente y den una buena respuesta al desafío de la flexibilidad en el sistema eléctrico».

«Si las señales económicas actuales no son suficientes se deben buscar otras señales económica y para eso sirven cambios legales, además de que participen más agentes del mercado de flexibilidad, especialmente desde la demanda», agrega el especialista.

«Es fundamental también que la regulación fomente el trasparentar los costos que implica para el sistema los nuevos requerimientos de flexibilidad y hacer la discusión respecto de quién debe hacerse cargo de ello. Hoy esta discusión no se ha hecho y es necesaria», comenta.

Como conclusión Galaz asegura la importancia que tiene la definición a priori «de qué tecnologías son las indicadas, cuál de los mercados es el más apropiado y cómo se deben costear no es una tarea sencilla, y aún más complejo resulta elaborar los cambios regulatorios necesarios para ello suceda correctamente».

«Por esta razón, es necesario avanzar e instaurar prontamente la discusión sobre una posible ley de flexibilidad que permita contar con soluciones eficientes, y así estar preparados para enfrentar adecuadamente la transformación de nuestra matriz energética, que está avanzando a pasos agigantados», concluye.