(La Tercera-Pulso) El mercado eléctrico local se remeció con la presentación del plan del gobierno para descarbonizar la matriz energética al 2040, que espera –entre otras acciones- el cierre de centrales termoeléctricas. Pero podría haber una opción alternativa…

Durante este año, la Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ) y la Agencia Aeroespacial de ese país (DLR), han estado juntándose con el sector público y privado para plantearles la implementación de una tecnología que utiliza sales fundidas para la reconversión de las actuales centrales termoeléctricas a carbón. En otras palabras, reconvertir las termoeléctricas en centrales de energías limpias y renovables.

La solución se denomina “Batería Carnot” y fue presentada como una de las alternativas en la Mesa de Descarbonización del Ministerio de Energía. Se basa en sales que se funden, utilizando electricidad de fuentes renovables, las que se almacenan en estanques a temperaturas cercanas a los 500°C, para posteriormente generar vapor y convertirlo en energía cuando sea requerido. Ya sea en los horarios de mayor demanda o cuando no haya sol o viento.

“Esta tecnología, integra estanques de sales fundidas, como en las plantas de concentración solar de potencia (CSP), a la infraestructura de las termoeléctricas que dejarán de operar, abriendo con esto una nueva alternativa para la descarbonización de la matriz”, comenta Rainer Schröer, director de este programa de la GIZ.

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Reuniones con el sector

En abril pasado, el Dr. Michael Geyer, senior advisor para el desarrollo de proyectos de energía solar y almacenamiento de DLR, estuvo en Chile y presentó esta tecnología ante diferentes entidades.  Acto seguido, GIZ comenzó a reunirse con varias empresas como Engie y AES Gener (además de los gremios del sector eléctrico y energético) para presentarles esta propuesta que ya tiene varios pilotos en Colonia, región alemana que se caracteriza por su alta generación eléctrica a carbón. El proyecto también lo ha visto la División Ambiental y Cambio Climático del Ministerio de Energía.

Alemania es uno de los ejemplos a nivel mundial en reconversión hacia energías limpias. Para hacerse una idea, la energía eólica, solar, hidroeléctrica y de biomasa significó cerca del 40% de la electricidad en ese país en 2018. Se espera que alcance el 65% al 2030 y sobre el 85% en 2050.

“Siempre han estado sobre la mesa las alternativas tecnológicas al retiro de las plantas de carbón”, comenta Claudio Seebach, presidente ejecutivo de Generadoras de Chile, y agrega: “Por lo que hace mucho sentido esta propuesta, ya que utiliza la misma infraestructura y gente. Pero sobre todo, porque ya existe una conectividad eléctrica instalada. Sin embargo –como es el sello de nuestro sistema eléctrico-, cualquier inserción de nueva tecnología debe ser competitiva. Por eso hay que estudiarla bien”.

Desde la Asociación Chilena de Energías Renovables (Acera) indican que su prioridad es el reemplazo de los combustibles fósiles por generación limpia y, en esa línea “la alternativa de convertir una central termoeléctrica a carbón en una central termosolar tiene mucho sentido, ya que permite aprovechar gran parte de la infraestructura existente, incluyendo la turbina, generador, subestación y líneas de transmisión”, comenta Carlos Finat, director ejecutivo de Acera.

De hecho, en GIZ recalcan que otra ventaja, aparte de mantener la infraestructura y generar menos impacto a las comunidades por el cierre de las plantas, es que las sales que se utilizan para este tipo de aplicaciones son producidas localmente. “Ahora estamos en conversaciones con algunas empresas para apoyar un piloto en Chile”, asegura Schröer.

Además, indican que dado los bajos precios de generación renovable en el norte del país y considerando que, por ejemplo, el 50% de la capacidad de generación a carbón está en la región de Antofagasta (al igual que los grandes centros de consumo mineros), esta reconversión generaría un atractivo mercado.

“Proyectos como estos podrían tener viabilidad, pero mientras no se avance en una regulación de flexibilidad, es difícil embarcarse en este tipo de tecnología. Aún no están las señales dadas para eso”, concluye Seebach.