(Diario Financiero) La noche del 9 de julio de 2015, los gerentes generales de Copec, Enex y Petrobras llegaron hasta el Ministerio de Energía. Habían sido citados en forma urgente por el entonces titular de la cartera, Máximo Pacheco, que requería una solución ante el colapso provocado por la viralización de un llamado a paro de quienes atienden en las bencineras.

La noticia, falsa por cierto, provocó la reacción de los automovilistas que salieron en masa a llenar sus estanques. Las largas filas en las estaciones de servicio estuvieron muy cerca de agotar la reserva de combustibles de la capital. Testigos del encuentro comentan que Pacheco golpeó la mesa y exigió a las distribuidoras reforzar su cadena de suministro e incrementar la autonomía, ampliando los centros de almacenamiento en las principales ciudades del país.

Este episodio dejó de manifiesto una situación que, a medida que pasan los meses, se va haciendo más grave y que, perfectamente podría perfilarse como la próxima crisis energética del país.

En la industria comentan que son dos los factores que están incidiendo en el mayor estrés que enfrenta la cadena de abastecimiento de combustible: el crecimiento sostenido del parque automotor, con la venta de vehículos a un ritmo que este año amenaza con romper récords y los efectos del cambio climático que se reflejan en la proliferación de episodios de marejadas, fenómeno cada vez más común y que obliga a cerrar los puertos, dilatando la entrada de los combustibles.

Para superar esta situación, las petroleras están activas impulsando proyectos para mejorar toda la cadena, es decir, buscan ampliar los terminales marítimos existentes o instalar nuevos, mientras tratan de expandir los estanques. En paralelo, buscan atacar uno de los puntos donde la crisis ya es evidente: el aeropuerto de Santiago (ver recuadro).

Contra la marea

Prácticamente la totalidad de los combustibles líquidos, ya sea el crudo para procesar, como las importaciones de producto refinado, llegan al país por mar, en una dinámica que por las condiciones climáticas es cada vez más desafiante.

“Cuando hay dos días de marejadas hay que hacer magia para mantener el abastecimiento de combustibles en la Región Metropolitana y otras ciudades”. Con estas palabras, el gerente general de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), Marcelo Tokman, planteaba ya a mediados del año pasado la necesidad de incrementar la autonomía y seguridad del suministro de combustibles en distintos puntos del país.

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En general, las zonas más ajustadas en materia de suministro son aquellas que se abastecen por vía marítima, donde existe una alta rotación de inventarios, y la continuidad del suministro se ve afectada por fenómenos como las marejadas, que obligan al cierre de los puertos.

En la zona central, entre las regiones de Valparaíso y Biobío, hay una mayor holgura, dadas las capacidades de almacenamiento, refinación y oleoductos, que permiten un flujo más continuo hacia los centros de distribución y consumo, aunque persiste la brecha respecto de los inventarios estratégicos visualizados para el país por la Agencia Internacional de Energía.

En lo que a terminales de carga y descarga se refiere, el año pasado, por ejemplo, Enex, la distribuidora controlada por el grupo Luksic compró su primer recinto. La inversión de US$ 24 millones posicionó a la operadora de la marca Shell en la zona de Ventanas, Región de Valparaíso, sector donde la petrolera estatal y Copec ya tienen posiciones.

En ese sentido, Esmax, que es controlada por el fondo Southern Cross y representa a la marca Petrobras, está haciendo lo propio. Su gerente general, Juan Juanet, explica que dentro del plan de inversiones por US$ 100 millones que desplegarán en los próximos tres años, tienen contemplada la construcción de un puerto en esta región.

“Estamos buscando ubicaciones en la zona petrolera. Buscamos oportunidades de eficiencia en nuestras importaciones de combustibles, equivalentes al 20% de nuestra demanda, ya sea a través de un terminal propio o de otro tipo. Es muy importante en el transporte de combustible tener una parcela para un tamaño de barco eficiente, que pueda parar en un solo puerto, porque la diferencia de costo por litro por parada es muy importante”, aseguró el ejecutivo.

Las zonas sur y norte no escapan a esta necesidad de refuerzo. Juanet añade que parte de sus inversiones de destinarán también a expandir los puertos de Mejillones y Pureo, éste último en la zona de Calbuco. “Hemos visto alternativas en Los Lagos. Estamos en Pureo que hoy está a plena capacidad y por distintos factores tiene un régimen de cooperación inestable, por eso ampliarlo es un tema”, dice.

Estanques en Santiago

Siendo el principal centro de consumo, Santiago, presenta una autonomía insuficiente, considerando que la actual capacidad llega a través del oleoducto Concón–Maipú.

Copec, por ejemplo, en sus estanques de Maipú (los que comparte con Enex), guarda un volumen que le permite cubrir el consumo de 3,4 días, mientras que si a esto se suman los recintos de Petrobras y Enap en esta misma comuna, la capacidad se eleva a poco más de cinco días. Por eso la firma del grupo Angelini está impulsando un proyecto de casi US$ 8 millones para duplicar la capacidad de este recinto, para evitar a futuro que el pánico de los compradores o su avidez por renovar sus vehículos pudieran volver a sacarlos al pizarrón.

Aeropuerto, caso extremo

Donde la crisis ya está desatada es en el aeropuerto de Santiago, donde el abastecimiento de combustibles no ha podido crecer a la par que el tráfico de aviones.

En este caso el problema tiene dos dimensiones: la infraestructura en el recinto aeroportuario y la red para llegar hasta ella desde los terminales de Valparaíso.

Sobre lo primero la empresa a cargo de la operación de estas instalaciones y que es operada por Esmax, está ejecutando una inversión de US$15 millones para construir un nuevo estanque y acompañar la ampliación del terminal a cargo de Nuevo Pudahuel. El gerente general de la representante de Petrobras en Chile, Juan Juanet, explica que están desplegando toda una red adicional de hidrantes para llegar a todas las nuevas ubicaciones de aviones que se están habilitando, lo que está avanzando a la par con la ampliación de Arturo Merino Benítez.

Donde las cosas no están igual de bien encaminadas es en la construcción de una segunda línea del oleoducto que lleva el combustible hasta la terminal. Este es un proyecto de Sonacol, firma ligada a Copec, Enex, Esmax y Enap, que tendrá un costo de US$ 80 millones y ha enfrentado el rechazo de comunidades aledañas en Maipú y Pudahuel.

La estimación es que la capacidad del primer ducto, que desde 1994 abastece todo el consumo del principal terminal aéreo del país, se completará en los próximos dos años, ya que la tasa de crecimiento anual de la demanda oscila entre 8% y 10%, mientras que en la Región Metropolitana se mueve entre 3% y 4% por ejercicio.

En términos simples, dijo en su momento Sonacol, el oleoducto permite llegar al aeropuerto con 110 mil metros cúbicos de kerosene de aviación (equivalente a 300 camiones), con lo que cualquier peak de demanda por sobre este nivel obliga a usar camiones, algo que hacia fines de año ya sería un hecho, una realidad que no sería ajena a otros aeropuertos del país.