(El Mercurio) Hace 10 años que Eduardo Corradini quería un auto eléctrico. Finalmente, en marzo de 2017 compró un Renault Fluence ZE. Desde entonces, la cuenta de luz de su casa aumentó en $11 mil, con los que mensualmente le alcanza para movilizarse unos 700 kilómetros. En la versión convencional del modelo, tendría que gastar cinco veces más.

La carrera de autos eléctricos, Fórmula E, poco a poco fue instalando en la opinión pública el concepto de electromovilidad. A esta se suman las estrategias por parte del gobierno y empresas privadas que buscan fomentar este medio de transporte.

Los autos eléctricos son más económicos y, al no emitir gases contaminantes, no están sujetos al impuesto verde ni a la restricción vehicular. Sin embargo, estos beneficios son contrarrestados por los problemas a los que se enfrentan los 134 dueños de autos eléctricos -de acuerdo a un catastro elaborado con información de las propias marcas que los venden.

Uno de ellos es la duración de la batería: “La carga completa me da una autonomía de 170 km. Con eso no puedes hacer un viaje largo fuera de Santiago. Para ir a Concepción tendría que parar por lo menos dos veces en una electrolinera”, aclara Eduardo.

Este es solo uno de los conflictos que enfrenta hoy la electromovilidad. Actualmente hay 19 puntos de carga, de los cuales 16 están en Santiago, y el resto en Viña del Mar, Valparaíso y Rancagua.

Sergio Pizarro, dueño de uno de los 25 Nissan LEAF que Enel facilitó a sus trabajadores pagando los intereses y el cargador del auto, viajó por primera vez fuera de la capital. Para llegar a Olmué pasó primero a la electrolinera que hay en Viña del Mar para terminar el viaje sin quedar en panne . “Una vez llegué justo a un punto de carga porque los lugares a los que pasé estaban con fallas”, cuenta Pizarro.

Precisamente estos problemas de infraestructura son los que tanto el Gobierno como la empresa privada se han comprometido a solucionar, instalando estaciones de cargas en autopistas, carreteras y ciudades.

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Vilma Álvarez fue una de las primeras chilenas en comprar un BMW i3 en 2015, en $41 millones. “Nadie estaba convencido, ni siquiera el vendedor. Todos me decían que era una locura”, recuerda Álvarez, quien afirma gastar 500 pesos al día en transporte cargándolo en su casa “como si fuera un celular”. A pesar de tener un auto ecológico, Vilma deberá pagar entre $600 y $700 mil por el permiso de circulación.

Quienes adquieren un auto eléctrico deben considerar nuevas conexiones eléctricas en sus casas, lo que cuesta entre $500 mil y $2 millones. Este valor se suma al ya elevado costo de los vehículos cero emisión, los que cuestan casi el doble que un auto equivalente a combustión.

Fomentar la electromovilidad

El urbanista experto en transporte, Raimundo Cruzat, explica que el principal costo es la batería de los vehículos y que la masificación de estos autos dependerá de los avances tecnológicos para reducir su valor y de las políticas públicas. Los ministros del Medio Ambiente, Marcelo Mena, y de Energía, Andrés Rebolledo, concuerdan en que el incentivo radica en la instalación de electrolineras y la devaluación del precio de los autos.