(Pulso) Paul Simons, Subdirector ejecutivo de la AIE y ex embajador de EEUU en Chile entre 2007 y 2010, vivió la crisis energética de esos años, cuando hubo una confluencia de la reducción del transporte de gas desde Argentina, junto a una sequía que golpeó a la hidroelectricidad. En ese contexto se elaboró el primer informe de la AIE en la que daba algunas recomendaciones. Hoy, casi 10 años después, valora la diversificación de las fuentes de electricidad en este año, pero subraya que hay una tarea por delante.

¿Cuáles son los desafíos?
– En primer lugar, el sector eléctrico debe poder cumplir las ambiciosas metas en materia de energía renovable, aumentando aún más el porcentaje en la matriz, que buscan llegue a 70% en 2050. Chile tiene excelentes recursos para esto, pero se necesitan una serie de políticas que ayuden a estos elementos que ayudan a la seguridad energética.

¿Cómo cuáles?
– Se recomienda ampliar el almacenamiento que baja los precios. Se puede ampliar el sistema hidroeléctrico, se pueden desarrollar baterías. También hay que trabajar con las líneas de transmisión, que será muy importante en el futuro, ya que donde hay más recursos de solar y eólica que no están donde está la demanda.

Otro tema clave es utilizar el manejo de la demanda de una manera flexible, cuando ocurran bajas inesperadas, lo que se logra con smart grids systems y otros procesos. Hay que tener una relación con la industria para reaccionar a los distintos niveles de energía. Se pueden manejar esas variaciones.

Por último, se recomienda la flexibilidad de plantas termoeléctricas para que puedan operar con menor tiempo de anticipación y que la rapidez para prenderlas y apagarlas sea mayor, así se permite que el sistema logre mantener su integridad.

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