(Diario Financiero) Se estima que en Chile, a lo largo de más de 6.000 kilómetros de costa, existen cerca de 400 tipos de algas. Y en ese territorio, según datos de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, de los 120 mil pescadores artesanales que hay, 95 mil se dedican a la extracción de algas.

Pese a estas cifras, la industria de algas en Chile carece de valor agregado, siendo un factor desfavorable en términos comerciales.Algo que desde la academia buscan revertir. Una medida en esta línea es el Congreso Chileno de Micro y Macro Algas, que en su décima versión relevó los potenciales nuevos usos, la necesidad de investigación y los desafíos que afrontará el campo de la ficología, disciplina científica que estudia las algas.

A estos esfuerzos se ha sumado Corfo, que sólo en la Región de Coquimbo contempla más de 10 proyectos de impacto nacional, enfocados en agregar valor a las algas.

Aunque en el país estas plantas se han limitado básicamente a la industria alimentaria, Ana María Mora, presidenta saliente de la Sociedad Chilena de Ficología (Sochifico), afirma que desde hace 15 años ha aumentado el interés por darles valor, debido a sus potencialidades. Esto se ha reflejado en sectores como la cosmetología, medicina, farmacología, energía y la industria alimentaria, esta vez como alimento funcional.

Flavio Araya, de Fundación Chile (FCh), explica que el potencial se sustenta en focos claves para su explotación. “Se puede orientar al consumo directo y como ingrediente, es muy completo en beneficios para la salud y nutrición”, afirma.

En el detalle, las algas presentan altos contenidos de hierro, calcio, yodo, potasio, además de vitaminas A, B y C, características que lo convierten, además, en un súperalimento.

En Chile, las algas pardas son las más explotadas, con destino a Asia y Europa. Sin embargo, en territorio nacional sólo son secadas, partidas y ensacadas, para luego transformarse en destino para las industrias de alimentos, cosmética y farmacológica.

“El desafío es dar valor en nuestro país y exportar productos para la industria alimentaria o de ingredientes, con denominación de origen, logrando un posicionamiento similar al que tienen los procedentes de la Patagonia”, afirma el ejecutivo.

Mora, de Sochifico, advierte que este desafío tiene otro implícito: hacer una explotación sustentable.

Quien dio valor a las algas y consiguió resultados económicos positivos fue Munani, startup chilena que desarrolló snacks gourmet en base a algas y especias, además de galletas, harina, ceviche y salsas. Debido a su innovación y valor, proyectan establecerse en México, ya que el fondo de inversión Angel Ventures presentó interés en ellos.
Biodiésel de algas

A los nuevos usos se ha sumado el sector energético. Académicos de la Universidad Católica crearon biodiésel a partir de microalgas. Para conseguirlo, cultivaron estas últimas en fitobiorreactores, hasta obtener biomasa y aceite de microalgas. Este desarrollo, sin embargo, se ha visto limitado por la imposibilidad de producir a gran escala y a bajo costo, dice César Sáez, director del Laboratorio de Energías Renovables y Residuos (LERR-UC).

Es un producto biodegradable que podría ser utilizado en motores de combustión diésel, con o sin turbocompresor y que el LERR ha utilizado como partidor de procesos de biorremediación de sitios contaminados con hidrocarburos de petróleo, en particular en casos de contaminaciones envejecidas por décadas.

Pese a sus ventajas, para que sea comercialmente rentable, Sáez comenta que primero hay que producir algas y biomasa de manera competitiva, y luego, obligar su uso en motores de combustión diésel de alta cilindrada del transporte público de modo de asegurar la demanda.

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