Chile es el país latinoamericano que lidera las medidas de precio al carbono, a través de los impuestos verdes, por lo que está en un buen pie para adoptar otros mecanismos de mitigación de emisiones, según afirman a Revista ELECTRICIDAD los consultores internacionales Darragh Conway  y Joachim Sell.

De acuerdo a Darragh Conway, consultor de Climate Focus, «a nivel mundial hemos visto desde los años 90 a varios países en Europa -especialmente, en Escandinavia- adoptando precios al carbono».

«Ese incremento tiene que ver con el mayor reconocimiento del desafío que enfrentamos con el cambio climático y con mayores momentos y acciones a nivel internacional, especialmente promovidas por el Acuerdo de París. Ningún país quiere actuar solo en el tema de cambio climático; quieren actuar en conjunto y en coordinación. En ese contexto, Chile está entre los primeros países en vías de desarrollo que ha adaptado un precio al carbono, por lo que se puede reconocer como un líder al respecto», afirma el especialista.

En esta línea, Joachim Sell, consultor de EBP, sostiene que el impuesto al carbono implementado en el país, «es uno de los instrumentos más simples para implementar, también para elaborar un sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV) cuando la tasa del impuesto está bien ubicada en cuanto a los contextos industriales. Creo que es uno los instrumentos más costo-efectivos, por eso es uno de los más aplicados a nivel internacional».

Efectos

Darragh Conway asegura que para las generadoras termoeléctricas la aplicación del impuesto verde tiene efectos en los niveles de precio, pues «la idea con un impuesto verde es incentivar, a mediano o largo plazo, más inversión en la generación baja en carbono, especialmente en la generación de energía renovable y, en el corto plazo, cambiar la generación de carbón al gas».

Agrega que esto «depende del precio y de las circunstancias de cada país», por cuanto «puede funcionar en diferentes maneras simultáneamente, en términos de mitigación de emisiones. Puede incentivar, en el corto plazo, el cambio cotidiano en el orden de mérito de electricidad, haciendo que el cambio produzca más generación renovable con base en la capacidad instalada en vez de carbón, gas o diésel porque está más caro».

«En el largo plazo, puede cambiar las decisiones de inversión. Los inversionistas privados pueden decidir invertir en energía renovable, en vez de hacerlo en carbón o gas. El tercer efecto es el impacto en la demanda. A través de aumentar el precio, puede incentivar a los usuarios de energía a reducir sus emisiones a través de, por ejemplo, la eficiencia energética. Los instrumentos proyectan y fomentan la inversión de energía limpia», añade Conway.