(Revista El Campo/ El Mercurio) Aunque las minicentrales de energía funcionan desde finales del siglo XIX en Chile, desde hace algunos años los dueños de derechos de aprovechamiento de aguas han comenzado a instalar pequeñas centrales hidroeléctricas. Ellas les permiten solucionar el tema de la generación de energía para el predio, lo que implica bajar costos que impactan en la competitividad de muchos campos, pero sin intervenir en forma importante los cursos y la disponibilidad de agua.

Esto porque su instalación no implica construir embalses, y por lo mismo se puede mantener un caudal ecológico, con todos los impactos positivos que eso tiene, como la mantención de la vegetación de las orillas del cauce. Y, además, pueden generar ingresos extras, al poder vender los excedentes de electricidad al sistema interconectado central. Por lo mismo, cada vez aparecen más en el mapa productivo nacional.

«En Chile existen 83 minicentrales hidroeléctricas conectadas al sistema, que aportan a la matriz 380 MW de energía renovable no convencional constante, desconcentradas territorialmente, las cuales generan múltiples beneficios en el entorno donde se instalan. Hoy en construcción, por ejemplo, destacan tres centrales por 5,5 MW cuyo titular es la Asociación de Canalistas del Laja», afirma Rafael Loyola Domínguez, director ejecutivo de la Asociación de Pequeñas y
Medianas Centrales Hidroeléctricas (Apemec).

La tecnología es una que existe en otros países, donde incluso se han acuñado términos específicos para quienes la
utilizan. Al respecto, el experto en energías renovables de BMG Hidroconsultores, Javier Gho, explica que «como son sistemas generadores pequeños, se pueden conectar a redes de distribución que generalmente pueden transmitir sin modificación de las mismas y su inyección a la red es empleada por consumidores locales. En otros países se emplea el concepto de «prosumidor», es decir, el mismo productor consume su energía generada. Por ejemplo, un campo que tiene una lechería o un sistema de riego, un packing puede generar y consumir in situ, despachando solo el excedente en horas en que su consumo es bajo».

Este es el caso de la empresa Frutícola Dosal, la cual desde 2014 aprovecha de inyectar este excedente energético en el sistema interconectado central. «Nos sobraba turbina en verano y consideramos que sería beneficioso en el sentido medioambiental, sin embargo no es muy cómodo en términos de pagos. Todos los meses nos facturan entre diez y veinte empresas diferentes, las cuales incluso pueden llegar a emitir facturas por $100 más IVA», reconoce Andrés Calvo, gerente comercial.

Entre sus ventajas está en que, además, su construcción y puesta en marcha es relativamente rápida, especialmente si se las compara con las de las grandes centrales, y tienen menos requerimientos que éstas en términos de medio ambiente, al no construir grandes muros de contención o embalses mayores.

Por ejemplo, en la pequeña central hidroeléctrica DOSAL de 250 kW en Curicó, se trabajó en tres turnos y las obras civiles (bocatoma, compuertas, adecuación de casa de máquinas, entre otros) se construyeron en tres meses. «En tanto, a su vida útil, se puede considerar que realizando mantenimiento preventivo una central puede durar entre 35 a 50 años en operación, dependiendo del nivel de la tecnología», agrega Gho.

Proyectos en aumento
Según la Corporación de Desarrollo Tecnológico de Bienes de Capital (CBC), organismo dedicado principalmente a impulsar y apoyar el desarrollo tecnológico e industrial de Chile, del total de la inversión materializada en los sectores públicos y privados en 2015, el ítem «energía» lideró con el 32% un alza que fue generalizada en diferentes sectores el último trimestre del pasado año.

Esta alta inversión se refleja en el aumento de proyectos de generación de energía, que entre abril de 2015 y abril de 2016 aumentaron de 27 a 52, lo cual equivale a una producción que pasa de los 2.538 a los 4.390 MW. Ahora, si se trata específicamente de minihidros, entre marzo de 2014 y abril de 2016 se han establecido 29 minihidros y, además, hay 23 que están en construcción. A estos proyectos, se suman otros 87, que se encuentran en diferentes etapas de aprobación. Se espera que, en concordancia al plan «100 nuevas minihidros en el período 2014-2018» para marzo de 2018 existan al menos 155 proyectos funcionando o en camino a hacerlo, sumando los que ya existen en el país.

Desde el Ministerio de Energía reconocen que se busca propiciar el desarrollo sustentable de estas minicentrales, por lo que han realizado un estudio de cuencas con el objetivo de tener la base para una planificación territorial enfocada en el recurso hídrico. Los resultados han demostrado que el potencial hidroeléctrico se concentra en las principales cuencas de la zona centro sur, coincidiendo con la existencia de proyectos en distintas etapas de desarrollo.

«Este estudio tiene la mirada puesta en el largo plazo para poder orientar políticas públicas en torno a una planificación energético-territorial, pero se requiere de medidas inmediatas para fomentar proyectos renovables, para lo cual se ha decidido priorizar las pequeñas centrales hidroeléctricas, por sus características compatibles con el medio ambiente y las comunidades», afirma Máximo Pacheco, ministro de Energía.

Estos sistemas son generadores pequeños que se pueden conectar a redes de distribución. Entre marzo de 2014 y abril de 2016 se han establecido 29 de ellos en el país.