(Pulso) Si la elevada inflación en Brasil ya está totalmente lejos del objetivo del banco central, la situación amenaza con empeorar. Porque pese a que el organismo ha subido las tasas de interés en 375 puntos desde abril de 2013, la sequía que vive el país desde comienzos de este año- que coincide con el verano, periodo de lluvias- se está convirtiendo en un dolor de cabeza no sólo para las autoridades de política monetaria, sino también para consumidores y empresas de uno de los mayores productores de commodities alimenticios (soya, café, azúcar y cacao) del mundo.

“El azote de sequía que ha golpeado a varias regiones de Brasil ha causado estragos no solo en la agricultura sino también en la ganadería, por lo que ya se han presentado brotes de escasez de productos alimenticios en estos sectores. Esto ha ocasionado que la insuficiencia de oferta se esté reflejando en un encarecimiento de dichos productos”, explica el director para América Latina de Moody’s, Alfredo Coutiño. “El daño que ha causado la falta de lluvias no solo se refleja en la escasez de productos primarios, sino también en el bolsillo de los brasileños, que tienen que pagar el encarecimiento de los productos y ven reducido su poder de compra”, sostiene Coutiño.

Solo en marzo, el índice de precios de los commodities agrícolas aumentó 19,39% a tasa anual, lo cual hizo que la inflación anual de marzo fuera de 6,15%, significativamente superior a la de febrero (5,68%) y la más alta en más de diez años. La cifra también se ubica en la parte alta del rango meta del banco central de 4,5% con una tolerancia de dos puntos porcentuales.

El principal impulsor de la inflación de marzo fue el alza del precio de los alimentos por la falta de lluvia, que representó el 51% de la variación mensual de los precios, según un informe de BBVA.

Los operadores dijeron que la sequía en el verano brasileño reducirá tanto el tamaño como la calidad del grano de café cosechado este año, lo que podría generar un déficit importante a nivel global en la temporada 2014/15, de entre 10 a 11 millones sacos de 60 kilos.

“En los casos como este en que se tiene un shock de oferta, la producción cae y esta caída impacta los precios de los mercados globales. El precio del café, por ejemplo, ha subido mucho en el mercado. El principal impacto negativo es la inflación para los consumidores”, plantea Enestor dos Santos, economista de BBVA para Brasil.

El extremo clima seco y caluroso en enero y febrero llevó a los frutos de café a madurar antes de lo esperado, además de dañar hasta el 11% de la cosecha, según un sondeo de Reuters. Y estas estimaciones ya sembraron incertidumbre en el mercado: los precios del grano han llegado a sus máximos históricos en lo que va del año y los futuros del café “C” (café arábigo) acumulan un alza de 78,32% desde enero pasado. El 24 de abril alcanzó su máximo, de US$2,14 la libra, en más de dos años.

Pero los ganadores con el aumento de precios son los inversionistas en esta materia prima, de acuerdo a los ETF (instrumentos que replican el movimiento de precios) Dow Jones-UBS Coffee- que permite a los inversionistas hacer un seguimiento del desempeño de los contratos de futuros del café- acumula una rentabilidad de 84,42% en lo que va del año.

Las empresas que tienen a este commodity como su principal insumo, en cambio, resienten los efectos del encarecimiento. Starbucks- que al igual que la mayoría de las cadenas de cafeterías estadounidenses utilizan café arábigo- prácticamente dejó de comprarlo en las últimas seis semanas debido al alza de precios del grano. Las acciones de la empresa acumulan una caída de 9,53% en lo que va del año.

Impacto en las eléctricas

La falta de lluvias también tiene a las reservas de las centrales hidroeléctricas por debajo de sus niveles mínimos, en especial en la región sureste y centro-oeste del país, donde se produce la mayoría de la energía del país. Las centrales hidroeléctricas producen cerca de 80% de la electricidad del país.

“La sequía también está aumentando la inflación a través de los precios de la electricidad, porque Brasil depende mucho de las hidroeléctricas. A sus problemas estructurales, la sequía añadió nuevas complicaciones, lo que conlleva un riesgo de racionamiento de energía que impactaría la actividad económica”, dice Enestor dos Santos.

En marzo, el gobierno brasileño anunció la entrega de una ayuda por 11.200 millones de reales (US$5.000 millones) a las distribuidoras eléctricas para compensar el alza de costos que les ha significado la sequía.

Recientemente incluso ha crecido el temor de posibles cortes de energía en pleno Mundial de fútbol, que comienza en Brasil el próximo 12 de junio.